domingo, 19 de abril de 2015

Como un meñique aferrado a un promesa.

Mira como se mueven, parece que están hechas de encajes.
Fíjate como nadan, flotan como si nada.
Quiero ser una medusa, quiero ser una de ellas.

El sonido de las risas es como un estruendo en mis oídos,
que no sale, se queda en mi mente y rebota por todas partes,
y pone todo de cabeza, y me lastima.
Pero cuando a llego a casa, un plato de comida caliente me espera,
y si mi madre pregunta como estoy, le digo que estoy bien, porque realmente lo estoy.
Mi padre a mi derecha y mi madre a mi izquierda, 
me preguntan mil cosas, les cuento mil historias,
pero detrás de sus voces aún oigo las risas.

Está bien, todo está bien,
porque puedo dormir y porque los sueños existen 
y de ellos me cuelgo como un meñique aferrado a una promesa.
¿Esperanza? ¿Libertad? ¿Amor?
Yo sueño con ser una medusa, y que el cielo es un mar infinito
donde el azul es un color tibio, un color que pinta el tono de mi hogar.
Así es como puedo admirar la belleza del resto del mundo,
donde yo formo parte de ese mundo.

Está bien, todo está bien,
solo estoy acostada en mi cama, cubierta por una cobija,
sosteniendo la mirada al techo, como si las cosas no estuvieran realmente bien.
Pero pronto estará todo bien,
porque puedo volver a dormir, y mirar como se mueven, como parece que están hechas de encajes.
Fijarme como nadan y flotan como si nada.
Soñar que soy una medusa, soñar que soy una de ellas.

jueves, 16 de abril de 2015

Compañeros de insomnio.

Te vez cansado, como si tuvieras muchas cosas en que pensar,
pero "solo es el insomnio", te gusta contestar.
Y a mi me gusta acompañarte, decir que estoy igual de atareado que tú,
de repente me encuentro sentado junto a la ventana, esperando que las ideas me caigan como una lluvia de estrellas. Pero aveces no me encuentro, aveces estoy más que perdido, estoy desahuciado, estoy confinado en el cajón derecho del cual perdí la llave.
Y no, no hay un cliché en el cual pueda decir que tu me encuentras,
porque estás igual de perdido que yo.
Pero somos amigos, compañeros de insomnio,
y aveces nos gusta contar secretos, y aveces nos gusta jugar a que nos queremos.




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La primera noche te encontré buscando algo de comer, fue la única vez que la excusa fue más bien una valida razón. La segunda noche decidimos ver una película después de tropezarnos cruzando ese pasillo, exactamente a la misma hora. La tercera noche fue tu elección, y quisiste ir por un paseo de media noche. La cuarta noche no estábamos cerca, pero sabía que estabas despierto igual que yo. Cuando la quinta noche se asomaba, me encontré a mi mismo contando las horas para verte otra vez. 
Y te vi, y a la sexta noche decidí enamorarme de ti.