sábado, 27 de julio de 2013

Cada mañana


Despertar y sentirte vacía.
Me gusta pensar en la muerte, sin miedo, sin dolor.
He escrito más notas suicidas de las que me gusta admitir
y es gracias a mi falta de sentimientos que no sean odio a casi todo lo que conozco.



Abro los ojos cada mañana y me doy cuenta.
La realidad no me afecta y me siento completamente aislada.
¿Realidad? ¿A qué llamamos realidad?
Los impulsos, las caídas, decepciones, miedos.
Aquí no hay amor ni felicidad.
Abro los ojos cada mañana y me siento muerta, pero estoy viva.
"Un cigarro a la vez, amiga" alguien me dijo.
Es así como me acerco lenta a la muerte.
Y que el humo de mis cigarros desaparezca con mis dudas.


Hasta nunca, mi amor.


El chico de los dulces ojos oscuros, profundos, embriagantes, que revelaban su dolor interior. Cabello igual de negro que la noche.
Caminar cauteloso, lleno de misterio.
Su voz es suave, también sus labios.
Aparece y desaparece dentro de mis pensamientos.
¿De dónde salio tanta perfección?
Sonrisas ocultas, sentimientos encontrados.


Las miradas se me escapan hacia ese ser extraño.
Y cuando él me las regresa no puedo evitar sentir emoción.
No sabía que hacer con ese sentimiento, felicidad.
Tanto tiempo protegiéndome de la debilidad de ser feliz.
Es algo que no pude ocultar por mucho tiempo.

En la mañana, desperté.
Me di cuenta, solo era un sueño.
Y que me duelan aún los ojos de tanto llorar.
¿A dónde fue aquel chico de cabello negro y ojos oscuros?
¿A dónde fue mi felicidad?

Suena estúpido.
Sufrir insomnio por un sueño.

Corazón en blanco

Tomé un suéter y salí corriendo.
Corrí y corrí y no me detuve.
Una cosa increíble de la lluvia es que me ayudo a esconder las lagrimas.
Me senté, cansada, en ese lugar donde la lluvia me ayudó a mentir.
¿Por qué llorar? ¿Por qué sentirme así de mal? No lo entiendo.
Quería arrancarme el corazón y dejar de parecer débil.
Es increíble el poder de las palabras, mas aún cuando son las que yo no puedo pronunciar.
Dan vueltas en mi cabeza, me vuelven loca.
Pobre loca, decidida a vomitar sentimientos.
¿Cómo le puedo llamar a este sentimiento? No lo se.
Prefiero dejar esas tonterías a un lado.
Prefiero sentirme sola que olvidada.
Prefiero ser la misántropa por excelencia.
Perdí la noción del tiempo junto con la poca cordura que me quedaba.
Dos horas y ocho cigarros después me levanté y volví a casa.
Con la mente y el corazón en blanco.