viernes, 1 de mayo de 2015

21

Desearía que no me olvidaras, pero si tienes que hacerlo, entonces por favor, hazlo.
Quiero extender la mano, pedir que me ayudes... no,
quiero ponerme de rodillas y rogarte que me salves.
Aveces soy lo suficientemente patético como para anhelar ver todo,
días de sol y campos verdes extendiéndose por horizontes interminables,
esperar el tren a casa, viajar a todos lados y a ninguna parte,
usar tu paraguas amarillo, empaparme de lluvia,
vivir en las estrellas, en una nebulosa a la cual le va a tomar millones de años desvanecerse.
Aveces simplemente soy estúpido,
porque cuando cierro los ojos, veo una cortina,
que lentamente va haciendo todo más obscuro, hasta que ya no veo nada.
Y tengo miedo, de no poder abrirlos nunca más,
sería como estar dormido, pero sin poder soñar.
¿Hay alguna clase de consuelo en la muerte inminente de un paciente
que sufre de la mera existencia?
¿La hay?
No quiero creer en cielos, ni tampoco en infiernos,
decir que te guardaría un lugar junto a mi sería desear que perecieras junto a mi.
Desear que vivas feliz sería condenarme hasta el fin,
porque te extrañaría... y extrañarte, me enseñó Amanda,
sería como tener un millón de cosas para decir, pero no decir nada.
Aún así yo podría morir en tus brazos,
tú podrías cortarme la garganta
y yo, con el último aliento que me quedé
me disculparía contigo,
por manchar de sangre tu camisa.

Ojala pudiera comprar más tiempo, ojala pudiera dejar de pensar en el tiempo.
Desearía que no me olvidaras, pero si tienes que hacerlo, entonces por favor, hazlo.