martes, 8 de septiembre de 2015

Memorias de un corazón roto.

Hubo un momento, hace algún tiempo, en el que no sabía nada más que la vida era la vida y la irresponsabilidad de mis palabras solo salía como suspiros, por eso creo que era aún más hermoso ese entonces. Los recuerdos solo se terminaban cuando los aceptaba y las lágrimas se acababan cuando las borraba. Pensar demasiado en el pasado me hace un poco insensible, puedo ver como una proyección de mis memorias sigue rodando constantemente a través de mis pupilas y va drenando la poca concentración y cordura que me queda... Ayer solía chocarme contra cosas con todas mis fuerzas hasta el punto de romperme, supongo que no tenía miedo porque alguna vez alguien me dijo que el dolor se termina si luchas contra el y que la tristeza se acaba si la aceptas. Ayer vivía del tiempo y el tiempo vivía de mi. Ahora el miedo llega antes que yo y mi corazón se vuelve pesado. Es como si de repente las paredes se comenzaran a acercar y sin importar que tan pequeño sea, en algún momento me van a aplastar.

Estuve preparándome para el verdadero dolor durante todos estos años, pero no puedo decir que estoy bien ni que haya dolido menos de lo que esperaba. Cuando la luz te golpea en la cara en vez de salvarte, para levantarte y darte cuenta de que esa luz era un coche que acaba de arrollarte; es la forma más modesta de explicarlo. Pero la vida es la vida, solo que ahora la irresponsabilidad ya no pesa igual que un suspiro.

La verdad ahora, es que estoy andando a la orilla de un puente, admirando un amanecer o tal vez un anochecer, y puedo ver una ciudad enorme a lo lejos. Caminando me pongo a cantar "El tiempo me hizo un adulto pero creo que no me hizo más fuerte. El tiempo me hizo un adulto pero pienso que me hizo más tonto"

Noches verdes.

Sí, esto es algo que puedo afirmar,
voy a extrañar las noches de melancolía donde las estrellas se veían tan claramente desde mis dos ventanas, y me gustaba hablar conmigo mismo en voz alta. A veces incluso esperaba a que fueran las 3:30 solo para poder prenderme un cigarro sin que nadie se diera cuenta. De repente el perro de los vecinos me aullaba que dejara de ser tan irresponsable e hiciera algo importante con mi vida, o bueno, tal vez solo ladraba sin sentido. Tengo perfectamente presente que en el confinamiento de mi habitación, el sentimiento de seguridad que alguna vez esta me brindo se va a convertir en una bóveda de miedos y horrores del pasado. Pero sí, voy a extrañar mis noches de sueños fantásticos. 

Alguna vez llegué a tener miedo de la oscuridad, me daba pavor el estar solo a media noche, sobretodo en aquellos días en los que contemplaba que tan grande era la distancia del balcón al suelo y de si sería una buena idea lanzarme de el cuando estaba casi 85% seguro de que solo me haría un par de raspones en todo el cuerpo. Y todavía tengo miedo.

La verdad así son las cosas, yo ya estoy demasiado lejos para poder regresar de manera triunfante, a veces ya no puedo ni ver las estrellas, a veces me cuesta mucho seguir respirando.

Aunque este lloviendo, el aire de las noches de verano sigue siendo pesado.