sábado, 23 de noviembre de 2013

Abrazos a silencios.

Dejamos ver el cuerpo como algo tan frágil, como si fuera de porcelana,
lo que no dejamos ver es el dolor y pesades que carga por dentro.
Noches de vagancia, mañanas de emociones fingidas.
Es casi enferma nuestra manera de manipular el mundo, de montar escenarios 
y llenarlos con actuaciones patéticas de la vida que queremos que los demás conozcan.
Pero... ¿qué sucede cuando hay silencio? ¿qué pasa cuando estamos solos?
Ya no hay necesidad de mascaras, ni de sonrisas falsas, ni de amores no correspondidos, ni de nada.
Solo estas tú, en un lugar oscuro y vacío donde tus lamentos no pueden ser escuchados.
Donde no te queda más que llorar a gritos, implorar abrazos a silencios y una palabra de comprensión.


Y los amigos, los familiares, los compañeros, los comprensivos, 
nadie esta para salvarte de aquella decepción que irremediablemente tenía que llegar.
Un eco de voces da vueltas en tu cabeza, palabras impronunciables que te agobian.
Son los demonios que te comen vivo, que te desgarran el alma poco a poco,
son las voces de todo lo que te mereces.
Lo lamento querido amigo acomplejado, ahora vas a vivir de esas voces por el resto de tu vida
y estas obligado a alimentarlas de miedos y sustancias.
Que la locura no te asuste, todo empieza por un pequeño pensamiento suicida,
lo que sigue es lo interesante, sangre y autodestrucción mental.

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