Leí una nota que decía "¡No me olvides!" pero no pude recordar.
Desperté de un sueño, la playa y el cielo azul desvanecieron.
Lo suave de la arena se convirtió en las sabanas blancas de mi cama y la dulce brisa era solo el aire que entraba por la ventana. Recordatorios pegados en la pared, pintaban de verde y amarillo mi habitación, como un jardín de margaritas que me hacía volver a pensar. Pero algo hacia falta, y yo no podía recordar.
Si salía al balcón en busca de algo, no había nada que encontrar y el tratar de pronunciar un nombre que mi memoria no conseguía asemejar me estrujaba fuerte el corazón.
Confundido, deprimido, perdido. Y lo único que podía recordar eran las manzanas rojas.
El día paso, el trabajo paso, la noche llego. De vuelta en la cama esperando soñar de nuevo con aquella playa, tomé un cuaderno viejo que no había visto jamás. "No me gustan los finales tristes" pensé y lo abrí en a ultima página. Leí una nota que decía:
"Hola, soy el escritor que vive alado. Nos vemos mañana, ¡No me olvides!"
pero no pude recordar.

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