martes, 8 de septiembre de 2015

Noches verdes.

Sí, esto es algo que puedo afirmar,
voy a extrañar las noches de melancolía donde las estrellas se veían tan claramente desde mis dos ventanas, y me gustaba hablar conmigo mismo en voz alta. A veces incluso esperaba a que fueran las 3:30 solo para poder prenderme un cigarro sin que nadie se diera cuenta. De repente el perro de los vecinos me aullaba que dejara de ser tan irresponsable e hiciera algo importante con mi vida, o bueno, tal vez solo ladraba sin sentido. Tengo perfectamente presente que en el confinamiento de mi habitación, el sentimiento de seguridad que alguna vez esta me brindo se va a convertir en una bóveda de miedos y horrores del pasado. Pero sí, voy a extrañar mis noches de sueños fantásticos. 

Alguna vez llegué a tener miedo de la oscuridad, me daba pavor el estar solo a media noche, sobretodo en aquellos días en los que contemplaba que tan grande era la distancia del balcón al suelo y de si sería una buena idea lanzarme de el cuando estaba casi 85% seguro de que solo me haría un par de raspones en todo el cuerpo. Y todavía tengo miedo.

La verdad así son las cosas, yo ya estoy demasiado lejos para poder regresar de manera triunfante, a veces ya no puedo ni ver las estrellas, a veces me cuesta mucho seguir respirando.

Aunque este lloviendo, el aire de las noches de verano sigue siendo pesado.



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