domingo, 8 de noviembre de 2015

12:03a.m.

Nunca pensé que me podría gustar el clima frío hasta que me enamoré de un chico que lo amaba, y ahora al responderle un mensaje con los dedos helados ya no me parece tan molesto.
Creo que podría echarle la culpa a los labios secos y partidos, a todas las capas de ropa que van una sobre la otra, al dolor de mis fríos pies por las noches, que el cabello se me vuelve opaco y que la piel se me reseca. El frío sigue siendo frío, pero es extrañamente más soportable.

Cuando llevas 3 años en una relación y de repente suceden cosas, cosas problemáticas que ambas partes hacen, te comienzas a preguntar que es lo que está pasando y la verdad es que los sentimientos que envuelven a esa relación te hacen sentir culpable, te preguntas si de alguna manera la situación realmente cambiaría de no haber sido por esas "cosas problemáticas" o sin importar que tan bueno hubiese sido todo el final hubiese sido inevitable. En días como hoy siento la extraña necesidad de "extrañar" lo viejo, porque el sentimiento de apego que creció por tanto tiempo no se dejar ir de manera tan fácil. Pero en días como hoy también me gusta contemplar mi situación desde otro ángulo para poder verme claramente y decirme: "estás en un buen lugar, en un buen momento de tu vida" y darme cuenta de que el apegó a ciertas personas es más bien a ciertos momentos, y está bien!
Las cosas pasaron muy rápido, en un par de meses, la persona con la quien vivía ahora es un rostro que me sonríe con cierto desdén cuando lo veo pasar por el campus de la universidad, y yo le sonrío de la misma manera. Ahora, estoy con alguien que hace que todo se sienta ligero, con alguien que me hace reír. Probablemente nunca olvidare estos últimos 3 años, pero estoy feliz ahora.

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