Tomé un suéter y salí corriendo.
Corrí y corrí y no me detuve.
Una cosa increíble de la lluvia es que me ayudo a esconder las lagrimas.
Me senté, cansada, en ese lugar donde la lluvia me ayudó a mentir.
¿Por qué llorar? ¿Por qué sentirme así de mal? No lo entiendo.
Quería arrancarme el corazón y dejar de parecer débil.
Es increíble el poder de las palabras, mas aún cuando son las que yo no puedo pronunciar.
Dan vueltas en mi cabeza, me vuelven loca.
Pobre loca, decidida a vomitar sentimientos.
¿Cómo le puedo llamar a este sentimiento? No lo se.
Prefiero dejar esas tonterías a un lado.
Prefiero sentirme sola que olvidada.
Prefiero ser la misántropa por excelencia.
Perdí la noción del tiempo junto con la poca cordura que me quedaba.
Dos horas y ocho cigarros después me levanté y volví a casa.
Con la mente y el corazón en blanco.
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