En la mañana, tome té, en vez de café.
Por la tarde, me detuve a observar,
pero por la noche, te volví a extrañar.
Cuento de uno, dos, hasta cincuenta y seis,
cincuenta y seis pasos camino descalzo, pisando mis recuerdos
y no me detengo a revisar, porque las hojas de otoño crujen todas del mismo modo.
Me es imposible ver las cosas con claridad,
muchas veces me pregunté si debí ser el malo en vez del bueno,
el que espera en vez del que busca,
el que quiere de noche, no el "buenos días" en la mañana.
Le intercambié el nombre a la tristeza,
porque después de verme en el espejo, me impregne el cuerpo de dolor.
Cansado, angustiado, con las ojeras que cargan más que historias,
cargan el peso de mi vida entera.
Dolido, destrozado, indefenso.
como comerme desenfrenado mi propio corazón.
¿Es así cómo quiero verme el resto de mi vida?
¿A tener las manos manchadas con mi propia sangre?
¿Estoy esperando tanto por ti?
Estoy tentado a responder que si.
Porque tu estas en la puerta pidiéndome que me quede.
Aún así he detenido las ganas de buscarte,
pero decir que te extraño más y más y mucho más que más, no suena justo,
ni suficiente.
Lástima que todavía no se como dejar de mirarte.
Por eso escribo en servilletas los te amo que ya no te puedo dar,
y luego los tiro a la basura como si fueran para mi.
Pero también escribo otras cosas, otras cosas que nunca te voy a decir,
porque todos tienen secretos, y yo también tengo el mio.
A la mañana siguiente, tomé café.
por la tarde, solo caminé
y en la noche...
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